jueves, 26 de mayo de 2011

Aquí, donde reside lo eterno y lo infinito, donde los tristes susurros caen y se rompen contra los muros de piedra, donde la noche nunca esta sola, donde la peor condena se lleva por delante a culpables e inocentes, aunque estos menos habituales que aquellos… Sólo aquí, los muros cobardes, contarán las historias de otros. Las conversaciones serán tan dolorosas, y frías, y sobrias, que desquiciarán a cualquiera que esté en su sano juicio. Y no es de extrañar que en un día como este, tan sólo en este día especial, los muchos que, como yo, se lamentan atrapados en el fino trecho indeciso entre lo libre y lo no libre, se sienten frente al ser a quien seguramente hayan amado más que a ningún otro en la vida, entablando una conversación absurda, sin sentido, donde dos son los que hablan pero es una, la voz solitaria que pesa en el aire.
Y es su voz la que me visita en este día especial. Y es por ella por la que sigo libre y no libre. Llega el momento en el que una conversación absurda repentinamente cobra sentido, raro y efímero, pero sentido al fin y al cabo.
Y aquí esta de nuevo. Esta vez no me los ha traído y es extraño. ¿Se habrá olvidado? Prefiero no preguntar. Mira al vacío como siempre con esa mirada que no llena. Sé que me reprocha el haberla abandonado. La busco y le sonrío pero no la encuentro. Ella llora, luego, me habla.
  -Hola papá.
  -Hola, hija.
Tan cerca y tan lejos, tan mía y tan ajena. Quiero abrazarla, llorar con ella y decirle al oído que siempre la cuidaré, pero este maldito muro de mármol o de cristal imaginario me impide hacerlo.
  -Mañana empiezan las clases y vengo de comprar algunos lápices.
Escucho sin hablar, y la contemplo con la esperanza de recuperar alguno de esos instantes junto a ella, y reescribirlo en mi memoria para poder leer en las noches de confusión, esas  que se lo llevan todo.
  -Este año ha sido muy corto. Cada vez lo son más.
Algo es diferente. Sé que me quemará, puedo notar el calor. Alguien dirá que ya la he perdido pero aún esta cerca. Ya viene.
 - Papá, pronto viajaré a Francia. Estudiaré allí y no te preocupes vendré a verte. Menos, pero te prometo que no te fallaré.
 - ¿Te vas? No me dejes, te lo pido.
 - He publicado uno de tus poemas en el periódico. Sé que siempre quisiste hacerlo. Te traigo la página. Espero que sigas escribiendo…
He de irme ahora. Te quiero.
 -Te quiero, hija.
Una última excusa…
 -Siento haberme olvidado de traerte los narcisos…
Y acariciando mi muro, mi lápida triste, como si fuera algún desconocido de otro mundo, queriendo despedirse cuando no tuvo ocasión de hacerlo en vida, después de tres años de visitas, se marcha.
Ahora soy yo el que llora, con lágrimas de polvo.
 -¿Quieres dejar de lloriquear? Acabarás destrozándome los nervios. Tú mismo has elegido quedarte encadenado a este condenado lugar para siempre, ¿no? Creyendo saber que ella vendría cada año en tu trágico aniversario a traerte tus apestosos narcisos. Patético. Mejor es que se vaya a que sigas torturándote ahí sentado frente a su mirada hueca escupiendo palabras sordas y debatiendo con la nada.

Siempre tan oportuno. Le encanta atormentarme. Allí esta él con su sombrero torcido y el eterno cigarro insípido en la boca, apoyado en el roble, fiel guardián de su tumba, hablando sin palabras, escribiendo poesías. Nadie sabe cuánto lleva rondando el ruinoso cementerio, ni siquiera él…El porqué de su estancia en este lujoso hostal no lo sé con seguridad, aunque sus razones no se alejarán de las mías. Eso no impide que me restriegue por la cara todo mi sufrimiento. Puedo perdonarlo suponiendo que lo ha pasado mucho peor que yo, puesto que es capaz, sólo el entre tantos otros, de criticar esta elección absurda como si el no la hubiera elegido…Aparenta haber tenido unos cincuenta y tantos y se las da de enamorado del arte y la literatura. Sigue siendo un cínico insoportable, un viejo burlón…
 -¿Puedes dejarme solo, Samuel?
 -Ya lo estás, amigo. ¿Qué te ha traído esta vez? ¿No hay flores? Fíjate, tu nombre en el periódico… ¿Oh, me deleitarás con uno de tus poemas? 
Mi único compañero de viaje sin regreso, y mi peor tortura. De no estar ya muerto, yo mismo me encargaría de hacerle el favor a la humanidad.
 -Veo que tendré que leerlo yo solito.
Y comienza a leer el dichoso poema que se posaba irritante sobre mi lecho listo para emprender el vuelo, empujado por el viento que se aproximaba…
- “Muere esperanza cruel.
Dulce muere, pero lenta, no silenciosa,
que te quiero oír todavía.
Deja tu susurro que me ata a la vida.
Necesito de ti para soportar el frío”.
Siempre tan oportuno...
 - Oye, no tuviste una profesora llamada Esperanza,verdad?
 - No sigas.
 - Eres bueno. 
 - ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué no me dejas? Necesito estar mal, necesito llorar, ¡lamentarme, y no puedo!
 - No puedes ni podrás jamás. La ira, la incertidumbre, la confusión, el amor, los deseos, el placer, la envidia… Has terminado con todo eligiendo esto que no tiene definición, ya que si hay algo indefinible es nuestra existencia, es estar entre la vida y la muerte vagando como gatos solitarios atrapados en el tiempo, es poder ver a tus seres queridos sin poder hablar con ellos, sin poder decirles que les amas, sin poder decirles que estas ahí, tan cerca y tan lejos… Mata a la esperanza, ¡termina con ella de una vez! Estas preso, encarcelado…Es una eterna cadena perpetua compañero. 
 - Sé lo que es esto. Pero me pregunto entonces qué fue la vida, ¿ miles de destinos hilados al azar, muñecos de trapo escalando sueños inalcanzables como rascacielos aguantando con esa cansina esperanza de encontrarte con algo mejor al final del camino, y llegado el fin, repentino y aveces prematuro como el mío te espera este cuarto gris, un manicomio que alimenta la locura?
 - Amigo, la vida es tan sólo la obra de un artista chiflado, extraordinario. Las personas son simples creaciones maravillosas y abstractas que usan el cuerpo humano para salir a flote y ser admiradas 
 - Es tu teoría.
 - Mejor es una teoría azarosa que la eterna incertidumbre. Además, tu locura ya estaba bien alimentada y el color del cuarto te recuerdo de nuevo que fue elección tuya. Elegiste un camino equivocado, la culpa te rasgaba las entrañas… El no haber aprovechado tus años para estar con ella es lo que te ha traído hasta mí, ella es tu medicina, o tu veneno, pero debes dejarlo, olvídalo, te queda mucho, mucho y lo sabes. Y su tiempo es efímero como el suspiro del crepúsculo. Cuando llegue su hora no elegirá esto, no, como otros miles seguirá su camino, el famoso camino por donde nunca caminaremos. 
 - Tendrás alguna teoría sobre la muerte…
Calla pensativo, o quizá sorprendido. Pensativo.
 - No, al no haberla conocido no la tengo, pues ni tu ni yo estamos muertos aún, ni vivos todavía. Sin sentidos ni emociones somos entes confundidas.
  - Canalla… deja las poesías.
  - La poesía. Es lo que me queda y por ello eres mi amigo. Y esque mucho tiempo llevo aquí, tanto que ni me acuerdo casi de quien soy. Solo sé que más aprecio rememorar una copla de Jorge Manrique, que saborear de nuevo el pan recién hecho.
  - Bien sabía Manrique que la muerte a todos nos iguala, pero lo que seguro no se imaginaba es que su padre sigue por aquí esperando a su hijo, ya más loco que ninguno, aguardando su llegada.
Y tal vez ese sea mi futuro aquí, donde no hay pasado, donde no existe el tiempo. Aquí, sólo, donde los muros cobardes, contarán las historias de otros. Las conversaciones serán tan dolorosas, y frías, y sobrias, que desquiciarán a cualquiera que esté en su sano juicio. Y en un día como este, tan sólo en este día especial, los muchos que, como yo, se lamentan atrapados en el fino trecho indeciso entre lo libre y lo no libre, se sientan frente al ser a quien seguramente hayan amado más que a ningún otro en la vida, entablando una conversación absurda, sin sentido, donde dos son los que hablan pero es una, la voz solitaria que pesa en el aire.
 - Hola papá.
- Hola, hija.


Fin
sábado, 06 de marzo de 2010